Un Baile Inesperado

Caravan 1Una Visita de la Caravana de Madres Centramericanas

Cada año por estas fechas, escribo acerca de la llegada de la Caravana de Madres Centrámericanas y su trabajo de buscar a sus hijos desaparecidos que han desaparecido tras el camino de migrantes de México.

Este año, me dije a mí mismo: “Tal vez la comunidad de Casa quiere escuchar de algo nuevo. Sin embargo, después de una experiencia única en la cena del martes con la Caravana, sabía que la comunidad iba a querer escuchar lo que pasó.

Las madres subieron las escaleras a la sala de conferencias de la Casa con las fotos de sus hijos desaparecidos colgado del cuello y en ese momento me acordé de uno de los compromisos especiales de la Casa: siempre compartir y dar testimonio de luchas por los derechos humanos que ya no aparecen en las portadas.

No se sabe cuántos inmigrantes han desaparecido en México el año pasado, pero las cifras mencionan hasta decenas de miles de personas. Muchas de las 30 madres que se quedan con nosotros esta semana no han visto a sus hijos en años – que no saben si sus hijos e hijas están vivos o muertos. La Caravana nos pide nuestra solidaridad: la búsqueda de sus hijos desaparecidos, recordar todos los desaparecidos y de pedir a nuestros gobiernos asumir la responsabilidad de proteger a los migrantes.

Caravana 3Otro de los compromisos importantes de la Casa es recordar la esperanza que encontramos acompañando a la Caravana cada año. Desde la primera Caravana hace 11 años, las Madres han reunificado con 250 de sus hijos. En medio de todo el sufrimiento a nuestro alrededor, nos acordamos de que un pequeño grupo de personas dedicadas sí puede hacer un cambio verdadero. Esto lo vemos con las Madres y lo vemos todos los días en la Casa.

Y el martes, un espíritu de celebración fue más vivo que nunca.

Caravana 2Esa mañana, Gloria, una de las madres de Nicaragua, se comunicó con su hermana que se había desparecida desde hace mucho tiempo. Esa noche, nos reunimos para ofrecerles una gran cena a las Madres, al estilo de Casa, invitando a amigos, voluntarios y organizaciones asociadas a colaborar con nuestra hospitalidad. Si bien en los últimos años el estado de ánimo ha sido solemne, el evento dio un giro sorprendente cuando una de las madres sugirió que pusiéramos una canción de merengue. Una por una, las Madres empezó a acercarse a la pista de baile. Al final de la tarde, todos habíamos unido para formar una línea de conga. Y, como sólo puede ocurrir en la Casa de los Amigos, bailamos toda la noche en un espíritu de celebración comunitaria.

Durante casi seis décadas, la Casa ha sido un escenario único para esta danza entre el dolor y la alegría, entre la tragedia y la esperanza, una dinámica que las personas que trabajan por la paz siempre se deben tener en cuenta. ¿Y quién mejor para recordarnos la importancia de este baile que las Madres