Liberando la Esperanza

La comunidad se junta para recibir a la Caravana de Madres Centroamericanas

martes, 6 de noviembre, 2012

La semana pasada, fuimos anfitriones de una cena para 150 personas. La sala de conferencias estuvo llena: madres portando fotos de sus hijos desaparecidos, activistas, periodistas, decenas de organizaciones sociales, reporteros de televisión, huéspedes y voluntarios de la Casa. Así fue la cena que ofrecimos para la caravana Liberando la Esperanza, un grupo de madres centroamericanas buscando a sus hijos perdidos en su intento por cruzar México. En su regreso a la capital mexicana y a la Casa de los Amigos, abrimos nuestras puertas para recibirlas.

La Caravana de Madres está conformada por madres de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador. Salieron de sus casas para buscar a sus hijos que desaparecieron en el peligroso camino del migrante en México. La Caravana cruzó el país buscando información sobre el paradero de sus seres queridos. Las madres participaron diariamente en eventos públicos mientras visitan casas de migrantes, cárceles, funerarias, centros y oficinas del gobierno. Es una imagen poderosa la de una madre afligida buscando a su hijo (a), y exige la atención por encima de las noticias diarias y de la apatía de la gente.

Madres (Photo) La Casa de los Amigos sirve como punto de encuentro entre la Caravana y la comunidad en pro de los derechos de los migrantes en la Ciudad de México. El año pasado llevamos a cabo un gran evento público con testimonios de algunas de las 33 Madres que vinieron y una sesión de información en la que grupos que trabajan para defender a los migrantes en México dieron actualizaciones a la Caravana. Desde entonces, y a pesar de la legislación aprobada recientemente en México en favor de los migrantes, la situación ha cambiado poco y, en varios lugares, ha empeorado. Las ONGs han documentado la desaparición de miles de migrantes centroamericanos en los últimos años. Este año, la Caravana aumentó a 59 participantes.
preparando enchiladas

Este año, para reconocer el gran trabajo de las Madres en medio de este ambiente de violencia e impunidad, quisimos hacer algo especial. Decidimos invitar a las asociaciones compañeras una vez más, pero esta vez para algo diferente. En lugar de realizar una conferencia, reunión de trabajo o un panel, decidimos llevar a cabo una  gran cena inolvidable hecha por todos nosotros. Invitamos a nuestros aliados a venir a la Casa, lavarse las manos, ponerse un mandil y ayudarnos a hacer enchiladas, ensalada, frijoles y arroz para este gran grupo de invitados. Nuestra intención fue celebrar el camino de las Madres junto con las organizaciones con las que la Casa tiene el honor y privilegio de trabajar. Quisimos juntar gente en un ambiente sincero y de esperanza, celebración y acción en la manera en la que la Casa lo ha hecho por generaciones.

En este caso, nuestro plan requirió de mucho trabajo. El equipo de la Casa realizó un gran esfuerzo, empezaron cinco días antes contando cada cuchara, taza y plato en el edificio. Compramos todo lo necesario para poder realizar la cena para el número de personas planeadas, entre ellas 8 pinzas para ensalada, una docena de jarras, ollas, platos, cubiertos, etc. Compramos más que 30 kilos de comida en el mercado, empezamos a remojar frijoles, mezclamos masa para cinco pasteles y usamos 12 kilos de jitomate para la salsa. No fue un plan completamente racional–mientras que se cocina mucho en la Casa, no está necesariamente preparada para grandes banquetes. Realizamos una cena que completamente sobrepasó nuestra capacidad, y por tres días preparamos platillos en el patio trasero, todas las cocinas, el comedor, la sala de huéspedes y el departamento.

Para el gran día, quince organizaciones contestaron nuestro llamado. Nuestros aliados captaron por entero nuestra idea y estuvieron emocionados para hacer algo fuera de lo común. Algunos trajeron donativos de comida, otros llegaron muy temprano listos para cortar, lavar, cocinar, servir, y por supuesto, limpiar. Huéspedes y exvoluntarios de la Casa también llegaron para poner manos a la obra.

Una comunidad amplia, dedicada a la protección de los derechos humanos de todas las personas en México, pudo unirse y dar una bienvenida de todo corazón a la Caravana, a través de la preparación colectiva de una enorme cena. La comida salió riquísima, y hacerla fue un proceso, además de enriquecedor, divertidísimo. Colegas que normalmente se ven en presentaciones y foros ayudaron a freír tortillas, hacer unos 40 litros de agua de jamaica, arreglar flores y montar mesas y sillas. Periodistas mexicanos e internacionales ayudaron rallar kilos de queso y enrollar cientos de enchiladas. Una diputada federal fue vista balanceando 10 tazones de cilantro picado. La Asamblea Popular de Familias Migrantes y el grupo de Médicos sin Fronteras prepararon los platos mientras que nuestros amigos de Sin Fronteras y del Servicio Jesuita a Migrantes sirvieron comida y café a las Madres. Fue una noche completamente Casera.

MSF Hemos escrito muchas veces describiendo lo que hacemos y la manera en que usamos nuestros recursos modestos lo mejor que podemos. Hemos escrito sobre el papel de la Casa, poniendo la construcción de la comunidad en el centro del trabajo de paz. Esta construcción sucede no solo en barrios sino también entre organizaciones de paz y justicia social. El viernes pasado, nuestro esfuerzo estuvo dirigido hacia el corazón de todo lo que amamos de este lugar y todo lo que la Casa ha heredado de los que vinieron antes que nosotros. Y como hemos aprendido, cuando enfocamos nuestro trabajo en las maravillas por las que la Casa es indudablemente conocida: la comunidad, la solidaridad, la amistad, la diversión y la comida, el trabajo rinde frutos.

Agradecemos el poder poner a la Casa al servicio del testimonio de estos madres valientes.

En paz y amistad,

el equipo de la Casa

Hayley, Erika, Ramsés, Esther, Bertha, Nico, Susan, Carey, Gerardo, Lis, Teresa, Blanca, Sara, Pancha, Miguel Ángel, Noemi, Paula, y Rebecca


canakkale canakkale canakkale truva search